Un vaquero.

Por Juan Angulo:

Paulatinamente recuperé la visión. No sentia dolor alguno, aunque ciertamente estaba confundido, muy confundido. Fue entonces que lo vi.

Frente a mi habia un anciano vestido de vaquero, con sombrero y todo. Un hombre viejo y delgado de ojos grandes, aspecto más bien amigable y mirada vivaz. Portaba en su camisa un pequeño y curioso prendedor con la imagen de una pequeña rosa blanca, lo cual me pareció aun mas extraño y fuera de lugar.

-¿Qué ocurrió? -Pregunté.

-Bueno, has sufrido un accidente de auto y ahora estás momentaneamente muerto, eso ha ocurrido. -Contestó.

Alzó su mano apuntando hacia la derecha.

-Míralo tu mismo. -Dijo.

Giré mi cabeza y pude ver mi auto hecho añicos, habia unos paramédicos que laboriosamente me daban los primeros auxilios.

-Les preocupa bastante. -Dijo.

-La muerte realmente les aterra. -Agregó.

-¿Y ahora qué pasará conmigo? -Pregunté.

-Bueno solamente has muerto momentaneamente. Y yo he venido para ayudarte en tu particular situación, para que no estés demasiado aterrado o confundido al verte fuera de tu propio cuerpo.

-¿Eres entonces un ángel? -Pregunté.

-Bueno, supongo que se me podria considerar uno, aunque no me agrada la definición que normalmente se les da, ni las implicaciones que eso conlleva. Digamos que sólo soy alguien que ya pasó por esto, así será mucho más fácil entendernos. -Dijo.

-¿Entonces si existen un cielo y un infierno? -Pregunté.

-No los hay. Sin embargo aquellos que fueron demasiado devotos o fanaticos realmente pueden llegar a verlos. Aunque esas visiones son sólo frutos de los propios deseos y creencias de cada individuo. Si alguien genuinamete religioso se cree merecedor del Cielo entonces proyectará una imagen de el, así mismo alguien que se crea merecedor del infierno lo hará de igual manera.

Aun así esos procesos son sólo momentaneos. -Respondió.

-¿Y qué les espera a aquellos que no creyeron en ninguna religión en particular? -Pregunté.

-Bueno, ellos pasan a su siguiente estado de evolución, es decir, reencarnan. -Contestó.

-Ya veo, ¡entonces los hindues tenian razón! -Exclamé.

-En todas las religiones existen grandes verdades y grandes falacias, pueden ser de gran ayuda y también convertirse en obstáculos.

-Son como espadas de doble filo. -Dijo.

-Tu última existencia pudo haber terminado en el año 2050 y la siguiente ser en el 34 D.C.

-Todo depende de ti y tu aprendizaje. -Agregó.

-Pero, ¿qué caso tendria reencarnar en el pasado? -Pregunté.

-No hay tal cosa como un pasado o futuro. Todas las existencias se procesan en un eterno “Ahora”. Cada lugar y cada época presentan oportunidades de desarrollo únicas. No hay desperdicio. -Dijo.

-Entonces eso significa que todas las otras personas del mundo…

-No hay “Otras personas” en el mundo. -Interrumpió.

Todas las existencias del mundo don diferentes versiones de ti. Existiendo y aprendiendo simultaneamente. Todas son extensiones de un alma mayor. Una Super-Alma. -Dijo.

-¿Entonces yo fui Jesus? -Pregunté

-Y tambien Hitler y sus victimas. -Respondió

-Cada vez que fuiste amable y cada vez que victimizaste a alguien te lo hacias a ti mismo. -Dijo.

-¿Con que propósito? -Pregunté.

-Para que llegues al conocimiento supremo del bien y el mal, experimentándolo en ti mismo. Así llegarás a expandir tu sabiduria y llegarás a convertirte en un Creador. Y así llegará el momento en que Crearas un mundo y una Super-Alma. Tal y como yo te he creado a ti y a tu Mundo. -Dijo.

-¡Entonces tú eres Dios!-Exclamé.

-Y tu eres mi hijo. -Respondió, esbozando una calida sonrisa.

Y cuando hubo dicho estas palabras desperté en la cama de un Hospital. Habia un ramo de rosas blancas en la mesita de servicio, al lado de la cama.

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Alan Verdugo / 2014/03/21 / Uncategorized / 1 Comment

El Experimento McPherson

Por Juan Angulo:

    En Diciembre de 1983, el Doctor Gary E. Duncan y un grupo de científicos pioneros en Neurociencias de la Universidad de Chappel Hill en Carolina del Norte realizaron un experimento radical en un edificio privado. Los científicos tenían la extraña teoría de que un humano con acceso muy limitado a estímulos externos es capaz de percibir la presencia de dios.

Dr. Gary E. Duncan.

Dr. Gary E. Duncan.

    Ellos creían que los cinco sentidos bloqueaban nuestra conciencia de la eternidad, y sin ellos, un humano era capaz de hacer contacto con dios a través del pensamiento. Haciendo uso de una potente neurotoxina, administrada en dosis pequeñas y controladas pretendían aumentar la capacidad de percepción extrasensorial del individuo en cuestión.

Universidad Chappel Hill.

Universidad Chappel Hill.

    Hubo un voluntario para tales fines. Harry S. McPherson, un hombre viejo que dijo “No tengo nada como para seguir con vida” fue el sujeto de pruebas. Para purgarlo lo mayor posible de toda percepción externa, los científicos hicieron una compleja operación en cual gran cantidad nervios sensoriales conectados al cerebro eran quirúrgicamente cortados. La droga le fue administrada, vía intravenosa, en pequeñas cantidades, pero de manera permanente. El anciano quedó sólo con sus pensamientos. Los científicos lo monitoreaban mientras el hablaba sobre su confuso estado mental, susurraba frases que ellos no podían escuchar muy fácilmente. Después de cuatro días, el hombre dijo que estaba escuchando voces, ininteligibles en su cabeza. Tomándolo como si fuera un síntoma de psicosis, los científicos le dieron poca importancia a las preocupaciones del hombre.

    Dos días después, el hombre lloraba diciendo que podía escuchar a su esposa muerta hablando con él, y aun más, él podía responderle. Los científicos estaban intrigados, pero no estaban convencidos del sujeto, no hasta que comenzó a decir los nombres de parejas o parientes muertos de los científicos. El mencionó información personal a los científicos que sólo sus esposas o padres muertos hubieran podido saber. Al llegar a este punto, una cantidad notable de científicos dejaron la investigación. Después de una semana conversando con los muertos el sujeto entró en un estado con mucho estrés, diciendo que las voces eran demasiadas y constantes. A cada momento, su mente era bombardeada por cientos de voces que se rehusaban a dejarlo sólo. Él frecuentemente se tiraba contra la pared, tratando de infringirse una respuesta al dolor. Les rogó a los científicos una mayor cantidad de droga, así podía escapar a las voces mientras dormía. Esta táctica funciono por tres días, hasta que tuvo severas noches de terror.

    Un día después, el sujeto comenzó a gritar y arañar sus casi inútiles ojos, esperando sentir algo del mundo físico. El anciano histéricamente decía que las voces de los muertos eran reales y hostiles, hablando del cielo, el infierno y del fin del mundo. En un momento, el gritó: “No hay perdón”. Lo hizo durante cinco horas consecutivas. Continuamente rogaba ser sacrificado, pero los científicos estaban convencidos de que estaban cerca de establecer contacto con dios. Después de varios días, el sujeto no podía formar una frase coherente. Aparentemente loco, comenzó a arrancar a mordiscones pedazos de carne de su brazo. El Doctor Duncan corrió dentro de la sala de pruebas a atarlo a su camilla para que no se suicidase. Después de unas horas atado, el sujeto detuvo su forcejeo. Comenzó a mirar al techo y las gotas de lágrimas cursaron su cara. Por dos semanas, el sujeto era hidratado manualmente por su llanto constante.

    Eventualmente, giro su cabeza, hizo contacto con los ojos de un científico por primera vez desde el comienzo del estudio. Él susurró: “He hablado con dios, y él nos ha abandonado” y sus signos vitales se detuvieron. No hubo una causa patológica para su muerte. Parecía que el anciano simplemente había decidido morir.

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Alan Verdugo / 2014/03/14 / Uncategorized / 2 Comments