El blog ha muerto, ¡larga vida al blog!

    Desde finales del siglo pasado y durante la primera década del siglo XXI, cuando las masas aún recordaban (y usaban) acrónimos como IRC, MSN, ICQ, e incluso, BBS, surgió el blog (contracción de web log), un concepto de comunicación pública que se popularizó rápidamente hasta en las más oscuras y olvidadas esquinas de Internet.

    El blog tenía como función ser una especie de diario personal en línea. Accesible por prácticamente cualquier otra persona. Muy diferente a las bitácoras o diarios privados escritos en papel, que tan celosamente guardaban escandalosos secretos dignos de excomuniones y/o aburridísimas nimiedades de la vida diaria del autor. La idea de escribir un diario público parecía paradójica al principio, pero aún así, la gente (el sector más joven, sobre todo) rápidamente aprendió que un diario público es un arma de dos filos, y que podría ser una excelente forma para alimentar el ego y obtener aceptación, y por lo tanto, la popularidad de los blog explotó.

Blogging has become such a mania that a new blog is being created every second of every minute of every hour of every day. –The Cult of the Amateur: How Today’s Internet Is Killing Our Culture, Andrew Keen.

    Pronto, cualquiera tenía su propio blog, aunque no todos escribían en él. La idea de, en unos minutos, lograr ser un “escritor” que podría, tal vez, en algún momento, ser leído por alguien más que los maestros de español de secundaria era sumamente intoxicante e intelectualmente estimulante, sobre todo para adolescentes que sólo publicaban poemas deprimentes y las letras de sus canciones favoritas. El número de comentarios en cada publicación del blog era el nuevo índice de estatus social, profetizando el advenimiento de los likes de las redes sociales actuales. La cantidad de otros blogs que contenían un enlace al nuestro era el equivalente a los seguidores, amigos o suscriptores de hoy en día y obviamente llevaba nuestro ego a niveles antes insospechados.

   Pero esto no era suficiente, pronto los bloggers necesitamos y exigimos más herramientas para alimentar nuestro creciente ego. Necesitábamos detalles específicos de qué tanto, y cómo, éramos consumidos por las masas lectoras. Se empezaron a crear rankings y contadores de visitas. Después pudimos saber detalles tan minúsculos como el país de origen del visitante, el navegador que utilizó, cuál enlace lo llevó a nuestro blog, cuáles eran nuestras publicaciones más populares, cuánto tiempo pasaban los visitantes en nuestro sitio, e incluso, en cuánto estaba valuado nuestro blog, esto último medido en dinero contante y sonante, intercambiable por productos y servicios.

    Gracias a estas mediciones, los bloggers más populares poco a poco fueron separándose de los demás, y con esto nació un nuevo denominador: El Blogstar. Apareció una nueva clase alta social virtual. La profecía de Andy Warhol sobre los 15 minutos de fama empezaba a cumplirse.

    El ser considerado blogstar por la auto-denominada blogósfera, llevó a estos individuos a alcanzar aún más fama. Era motivo de orgullo y presunción que un blogstar tuviera un enlace hacia nuestro blog. Pero, por supuesto, los blogstars sólo se linkeaban entre ellos. Para ser miembro de este club de élite virtual y etérea, uno no necesitaba importantes sumas de dinero, sino grandes sumas de lectores. Y, como todos sabemos, es parte de la naturaleza humana ver una acumulación de cualquier cosa, y tratar de convertirla, de alguna manera, en enormes sumas de dinero.

    Así fue como muchos bloggers, en un intento de capitalizar sus creaciones literarias, convirtieron a sus blogs en templos de la publicidad. Algunos de los más populares blogstars incluso lograron llamar la atención de periódicos y revistas, que, en un giro bastante anacrónico, publicaban material de blogs en forma de columnas. También hubo algunos que llamaron la atención de casas editoriales y publicaron compendios de sus blogs en forma de libros. Aún no había consenso en la industria de los medios impresos sobre si el éxito de estos extraños autores aficionados representaba un aliado poderoso, un enemigo mortal o una moda fácilmente ignorable, pero entre tanto, y por si las dudas, buscaron capturar ese talento emergente.

    Para otros bloggers, la emoción terminó tan súbitamente como comenzó. Algunos simplemente dejaron de escribir repentinamente y sin explicación, otros migraron a otra u otras redes sociales. Unos cuantos seguimos escribiendo, pero cada vez somos menos.

    Hoy en día, encontrar un buen blog personal que sea actualizado regularmente y con contenido interesante es como encontrar un oasis en el desierto. Pero, como esta analogía, también es un hallazgo que realmente vale la pena. En mi caso, disfruto mucho más leyendo una publicación larga y bien pensada que leyendo únicamente un par de líneas sin contexto en alguna de las nuevas plataformas de microblogging, que parecen tan empedernidas en vendernos cosas y disminuir aún más nuestros lapsos de atención. Después de todo, uno no puede leer entre líneas cuando sólo hay una de ellas. Otras redes sociales actuales se centran en compartir contenido hecho por otras personas (mayormente imágenes), y no en generar contenido original. Es decir, hoy sólo estamos consumiendo y regurgitando el mismo contenido una y otra vez, sólo para que alguien lo consuma de nuevo y repita el proceso. La llegada de los video blogs (o vblogs, o vlogs) no ayudó, pues la mayoría de estos nuevos vloggers parecían más preocupados en transmitir una imagen de si mismos que alguna de sus ideas. A diferencia de la comunicación audiovisual, la comunicación escrita permite deshacernos de elementos que en ciertos entornos son innecesarios, como el sonido, la apariencia o el escenario, y nos permite una conexión mucho más directa e inalterada a la psique del autor. El hecho de que alguien haya invertido tiempo y neuronas (ya no se puede decir tinta) escribiendo una publicación me parece admirable, y es una verdadera lástima que más gente no lo haga. Gracias a publicaciones de ciertos blogs, he llegado a conocer a gente muy interesante, pero mejor aún, he llegado a conocer mucho más profundamente a personas que ya creía conocer. Un buen escrito permite conocer al autor en una forma sumamente íntima y personal, y, a mi parecer, suele ser incluso más enriquecedor y revelador que pasar tiempo con esa persona cara a cara en cualquier otra forma de interacción social.

    Los blogs tal vez sean considerados passé y su comunidad no sea tan fuerte como alguna vez lo fue, pero realmente fue algo bueno que alcanzaran una popularidad tan elevada. Muchas personas descubrimos un talento y un amor por la escritura (y la lectura) que generalmente se mantiene muy oculto y es muy difícil de despertar.

    Al abandonar los blogs, muchos autores decidieron no borrar su contenido. Tal vez haya sido por olvido o falta de interés, pero me gusta pensar que muchos lo hicieron para dejar constancia de una época en la que la gente disfrutaba de dedicarle tiempo a un escrito para compartirlo con literalmente todo el mundo y con generaciones futuras, y de hacerlo no sólo por ganar dinero o aceptación, sino sólo por el placer que produce el compartir conocimiento, una idea o una experiencia.

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Alan Verdugo / 2015/11/13 / Uncategorized / 1 Comment

Gallup/Clifton signature themes

    Many years of research conducted by The Gallup Organization suggest that the most effective people are those who understand their strengths and behaviors. These people are best able to develop strategies to meet and exceed the demands of their daily lives, their careers, and their families. A review of the knowledge and skills you have acquired can provide a basic sense of your abilities, but an awareness and understanding of your natural talents will provide true insight into the core reasons behind your consistent successes. Your Signature Themes report presents your five most dominant themes of talent, in the rank order revealed by your responses to StrengthsFinder. Of the 34 themes measured, these are your “top five.” Your Signature Themes are very important in maximizing the talents that lead to your successes. By focusing on your Signature Themes, separately and in combination, you can identify your talents, build them into strengths, and enjoy personal and career success through consistent, near-perfect performance.

Deliberative
You are careful. You are vigilant. You are a private person. You know that the world is an unpredictable place. Everything may seem in order, but beneath the surface you sense the many risks. Rather than denying these risks, you draw each one out into the open. Then each risk can be identified, assessed, and ultimately reduced. Thus, you are a fairly serious person who approaches life with a certain reserve. For example, you like to plan ahead so as to anticipate what might go wrong. You select your friends cautiously and keep your own counsel when the conversation turns to personal matters. You are careful not to give too much praise and recognition, lest it be misconstrued. If some people don’t like you because you are not as effusive as others, then so be it. For you, life is not a popularity contest. Life is something of a minefield. Others can run through it recklessly if they so choose, but you take a different approach. You identify the dangers, weigh their relative impact, and then place your feet deliberately. You walk with care.

Driven by your talents, you are highly selective about how much you reveal to anyone about your history, future intentions, or current affairs. Consistently you refrain from intruding on people’s privacy. Why? You realize this puts you in the position of being asked and expected to answer very personal questions. Typically you let others begin conversations. This is not your forte — that is, strong point. Perhaps you are content just to listen and observe. You probably prefer to keep your thoughts to yourself. By nature, you generally present yourself to others as a no-nonsense person. People soon figure out you prefer to work or study by yourself. Because of your strengths, you are intentional and purposeful about what you do. “Rash” and “impulsive” are not adjectives most people would use to describe you. Typically you think through things thoroughly before speaking or acting. By nature, you tend to be businesslike in your approach to personal and professional issues. Chances are good that you are willing to sacrifice affection and relationships to be true to yourself. In your opinion, life is not a popularity contest. It’s very likely that you often are described as earnest and businesslike. Many individuals appreciate your methodical and unhurried way of processing facts or numerical data.

Learner
You love to learn. The subject matter that interests you most will be determined by your other themes and experiences, but whatever the subject, you will always be drawn to the process of learning. The process, more than the content or the result, is especially exciting for you. You are energized by the steady and deliberate journey from ignorance to competence. The thrill of the first few facts, the early efforts to recite or practice what you have learned, the growing confidence of a skill mastered—this is the process that entices you. Your excitement leads you to engage in adult learning experiences—yoga or piano lessons or graduate classes. It enables you to thrive in dynamic work environments where you are asked to take on short project assignments and are expected to learn a lot about the new subject matter in a short period of time and then move on to the next one. This Learner theme does not necessarily mean that you seek to become the subject matter expert, or that you are striving for the respect that accompanies a professional or academic credential. The outcome of the learning is less significant than the “getting there.”

Instinctively, you thirst for new ideas and knowledge. Often you lose yourself in a book. You pore over the ideas contained on its pages for long stretches of time. Why? You want to absorb as much information as you can. It’s very likely that you pay close attention to what is going on around you. You listen. You quiz people. You read. You probably take notes on key points. As you accumulate lots of information, you disregard what is unrelated, and pay heed to what is really important. The more you reflect on what you know, the more problems begin to reveal themselves, and eventually solutions start taking shape in your mind. Finally, given the situation, you select the best plan from your list of options. Driven by your talents, you might prefer to enroll in a difficult class rather than register for the easiest one. Perhaps comparing how well you are doing in relation to others has meaning only when you earn the best grades in the hardest courses. To some extent, you crave recognition for your knowledge and winning spirit. By nature, you often spend considerable time examining the details underpinning an idea. Rather than rush through your research, you typically stick with it until you are convinced everything makes sense. Chances are good that you are comfortable offering suggestions to people who regularly seek your counsel — that is, recommendations about a decision or course of action they are considering. These individuals usually feel deep affection for you. You are likely to spend time together socializing as well as working or studying.

Intellection
You like to think. You like mental activity. You like exercising the “muscles” of your brain, stretching them in multiple directions. This need for mental activity may be focused; for example, you may be trying to solve a problem or develop an idea or understand another person’s feelings. The exact focus will depend on your other strengths. On the other hand, this mental activity may very well lack focus. The theme of Intellection does not dictate what you are thinking about; it simply describes that you like to think. You are the kind of person who enjoys your time alone because it is your time for musing and reflection. You are introspective. In a sense you are your own best companion, as you pose yourself questions and try out answers on yourself to see how they sound. This introspection may lead you to a slight sense of discontent as you compare what you are actually doing with all the thoughts and ideas that your mind conceives. Or this introspection may tend toward more pragmatic matters such as the events of the day or a conversation that you plan to have later. Wherever it leads you, this mental hum is one of the constants of your life.

Instinctively, you derive immense pleasure from work that requires intense, thorough, and careful consideration of the facts. You weigh the consequences of what you do, fail to do, and say. Your precision becomes apparent when you concentrate on small, factual details. You are also known for adhering to prescribed policies, procedures, standards, or specifications. Driven by your talents, you usually are quiet during conversations, taking in everything that is said. You are particularly attentive when intelligent people toss about their ideas, theories, or concepts. Often you acquire more information and gain more insights than the speakers do. When you choose to expound on a topic that interests you or pose pertinent questions, many individuals listen carefully to every word you utter. Because of your strengths, you gravitate to discussions where the participants are committed to searching for truth and reason. By nature, you naturally latch onto opportunities to acquire knowledge. You carefully and methodically think through ideas you have garnered from reading, classes, seminars, or conversations. You probably have little patience with individuals whose emotions cloud their judgment. You are likely to distance yourself from people who refuse to expand their minds. Chances are good that you acquire knowledge more easily when you can talk with others about ideas, concepts, or theories. Thoughts come alive for you when questions are posed and answers are proposed. You have a delightful time thinking out loud and listening to intelligent people express themselves. You naturally document or store in your mind bits and pieces of discussions. You want to refer back to these insights or facts whenever the opportunity presents itself.

Analytical
Your Analytical theme challenges other people: “Prove it. Show me why what you are claiming is true.” In the face of this kind of questioning some will find that their brilliant theories wither and die. For you, this is precisely the point. You do not necessarily want to destroy other people’s ideas, but you do insist that their theories be sound. You see yourself as objective and dispassionate. You like data because they are value free. They have no agenda. Armed with these data, you search for patterns and connections. You want to understand how certain patterns affect one another. How do they combine? What is their outcome? Does this outcome fit with the theory being offered or the situation being confronted? These are your questions. You peel the layers back until, gradually, the root cause or causes are revealed. Others see you as logical and rigorous. Over time they will come to you in order to expose someone’s “wishful thinking” or “clumsy thinking” to your refining mind. It is hoped that your analysis is never delivered too harshly. Otherwise, others may avoid you when that “wishful thinking” is their own.

Chances are good that you notice that your ability to use common sense and reason gives you an edge — that is, an advantage — over many people. You are driven from within — that is, you motivate yourself — to accomplish more and do better work than you ever have. This is your path to success. By nature, you really and truly hear what people have to say. Your natural inclination to evaluate information from a variety of sources and angles explains your attentiveness. Frequently you find subtle insights in what someone tells you — insights of which even that person is unaware. You enjoy bringing these discoveries to that person’s attention. Because of your strengths, you rely on reason to reduce things to their simplest parts. You closely examine each element to discover how it does or does not benefit the overall situation. Driven by your talents, you routinely study the factors coming together to create a situation. You definitely appreciate individuals who invite you to share your findings. It is not your style to boldly talk about your research. However, someone you trust can encourage you to speak. Instinctively, you enjoy devoting your mental energy to thought-provoking activities. Usually these tasks force you to rely on reason and rational thinking.

Input
You are inquisitive. You collect things. You might collect information—words, facts, books, and quotations—or you might collect tangible objects such as butterflies, baseball cards, porcelain dolls, or sepia photographs. Whatever you collect, you collect it because it interests you. And yours is the kind of mind that finds so many things interesting. The world is exciting precisely because of its infinite variety and complexity. If you read a great deal, it is not necessarily to refine your theories but, rather, to add more information to your archives. If you like to travel, it is because each new location offers novel artifacts and facts. These can be acquired and then stored away. Why are they worth storing? At the time of storing it is often hard to say exactly when or why you might need them, but who knows when they might become useful? With all those possible uses in mind, you really don’t feel comfortable throwing anything away. So you keep acquiring and compiling and filing stuff away. It’s interesting. It keeps your mind fresh. And perhaps one day some of it will prove valuable.

Chances are good that you intentionally collect theoretical or intricate words and terms along with their definitions. Your vocabulary often comforts specialists who struggle to explain their ideas to laypeople. You probably serve as a translator between the experts and those who rely on them for specialized information, support, or services. Simply put: You can converse with professionals, understanding exactly what they are saying — and you can be completely understood in return. It’s very likely that you yearn to know a lot. It makes little sense to you to skim through a book and read only the highlights. You delve more deeply into intriguing subjects than most people do. You love to gather all kinds of information. This explains why you take time to grasp ideas that appear in print. By nature, you intentionally include uncommon, highly technical, or sophisticated words in your vocabulary. You realize that language is a form of knowledge that gives you an upper hand — that is, controlling power — in conversations, debates, or discussions. It quickly establishes you as an authority figure in listeners’ minds. First, you capture their attention. Then you take charge of events, projects, meetings, or problem solving. Because of your strengths, you long to know more so you remain on the cutting edge of your field or areas of interest. Your inventive mind usually generates more possibilities than you can handle or fund. Nonetheless, you are committed to acquiring knowledge and/or skills. You study everything involved in a situation and conceive entirely new ways of seeing or doing things. What you already know prompts you to ask questions and delve even deeper into a subject or problem. Instinctively, you tend to express your doubts about various ideas, theories, or concepts. Using your brainpower, you put aside your emotions while calmly absorbing as much information as you can. Even though you may have never experienced a particular situation, event, opportunity, or dilemma, you exhibit the mental capacity to project yourself into it. Lively conversations with intelligent individuals stimulate your thinking about abstract or complex topics.

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Alan Verdugo / 2014/07/15 / Uncategorized / 0 Comments

No fueron once

    A pesar de que soy un recluso mediático, y que trato deliberadamente de serlo aún más en estas fechas mundialistas, llegó a mis ojos un escándalo protagonizado por los fanáticos del fútbol mexicano que viajaron a Brasil a “apoyar” a la selección mexicana de fútbol.

    Y este escándalo llegó de la peor manera. Llegó en la forma de un artículo defendiendo a los culpables.

    El “artículo” de Mauricio Cabrera básicamente puede resumirse en dos palabras: “¡aguántense, putos!”. Refiriéndose a que los demás fanáticos, la prensa, y literalmente todo el mundo debe aceptar y soportar que sean insultados con denominaciones homofóbicas.

    Y cito:

“[Gritarle “puto” a alguien] Está arraigado en nuestra cultura”.

    Yo no le llamaría a eso cultura, y si el autor considera “cultura” insultar a alguien, eso nos dice mucho de cuantos libros el autor habrá leído o cuantos museos habrá visitado.

“Dejemos de jugar porque eso genera que perdamos el estilo”.

    Mauricio, pierdes ese “estilo” que dices tener, cuando viajas al extranjero, te identificas como mexicano y te comportas como un adolescente homofóbico intolerante maleducado inculto y aún tienes el descaro de tratar de (sin éxito) defender tus acciones. No sé de dónde sacaste tu “estilo”, pero seguramente del mismo lugar de donde sacaste tu “cultura”. Personas como tú y los fanáticos que se comportaron tan vergonzosamente en los estadios y en las redes sociales son la razón por la que existen tantos estereotipos sobre los mexicanos, todos y cada uno de ellos vergonzosos y negativos. Gracias a gente como Mauricio Cabrera y a los indefendibles fanáticos del fútbol se nos desprecia abiertamente a nivel mundial y se nos ve como gente sucia, floja, analfabeta, grosera y, ahora, homofóbica.

    Incluso si tomamos la posición de apoyar la conducta infantil de la porra mexicana, nos daríamos cuenta de que nuestra actitud y nuestros insultos no estarían ayudando en nada a los jugadores nacionales. Al contrario, ahora la FIFA los amenazó con una multa. Cuando menos, los fanáticos deberían notar que su comportamiento es contraproducente para su causa. En pocas palabras: La selección nacional de fútbol no necesita ayuda para perder, pero aún así, la porra se la está dando.

    Lo peor de este asunto es que se le tuvo que amenazar al mexicano promedio con lo peor que se le puede amenazar: Multar a la selección nacional de fútbol. Es decir, para que por fin pusiéramos atención en el comportamiento tan reprobable de los mexicanos futboleros, tuvieron que amenazarnos con quitarnos un poquito de ese opio mental del mexicano: El fútbol. Sólo así voltearon las cabezas. Sólo eso pudo darnos a conocer que algo estaba pasando. No me imagino qué habría pasado si la FIFA hubiera decidido prohibir las transmisiones de los partidos de la selección mexicana o si decidieran eliminar al equipo del torneo.

    Alguien dijo que los hooligans se comportan aún peor y nadie les hace nada, y que las porras mexicanas llevan años insultando a sus contrarios así que “¿por qué habrían de hacerles algo ahora? mejor que sean hombrecitos y se agüanten ¿no?”.

    Pues no. El comportamiento de las porras mexicanas lleva años siendo reprobable y nunca nadie se lo había reprobado frente al mundo. Ahora está pasando y tal vez ya sea demasiado tarde, después de todo, internet se llenó al instante de artículos y comentarios tan chovinistas como infantiles defendiendo a esa supuesta parte del “folclore mexicano”.

    Que triste que la única manera en que los mexicanos se unen es para defender su derecho a hacer el ridículo frente al mundo.

    No, no sólo fueron once mexicanos los que nos fueron a representar en Brasil, fueron muchos fanáticos, y ellos, hasta ahora, son los que peor nos han representado ante el mundo.

¿Eres tú uno de ellos?.

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Alan Verdugo / 2014/06/24 / Uncategorized / 0 Comments

Kippel

    Esta debió ser la primera entrada en este blog, no lo fue. Una amigo me preguntó por el nombre de este blog, y creo que la mejor manera de responderle es con un post explicando el significado de la palabra: Kippel es una comuna suiza de 367 habitantes.

    Philip K. Dick también nos ofrece otra definición en su libro “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, también conocido como “Blade Runner”:

—Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a la cama y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más.
—Comprendo —la chica lo miraba con duda, no sabía si creer o no, ni siquiera si él hablaba en serio.
—Esa es la primera Ley de Kippel —dijo él—El kippel expulsa al no-kippel. Como la ley de Gresham acerca de la mala moneda. Y en estos apartamentos no hay nadie para compartir el kippel.
—De modo que se ha apoderado de todo —concluyó la muchacha—Ahora comprendo.
—Este lugar —continuó Isidore—, este apartamento que ha elegido, está demasiado kippelizado para vivir en él. Podemos rechazar el factor Kippel; podemos hacer lo que le dije, buscar en los otros apartamentos. Pero…
Se interrumpió.
—¿Pero qué?
—No podemos ganar.
—¿Por qué no? —la chica salió al pasillo cerrando la puerta tras de sí. Cruzó los brazos modestamente sobre sus senos altos y pequeños, y enfrentó a Isidore, ansiosa por comprender. Al menos eso le pareció a él. Se la notaba atenta.
—Nadie puede vencer al kippel —continuó—, salvo, quizás, en forma temporaria y en un punto determinado, como mi apartamento, donde he logrado una especie de equilibrio entre kippel y no-kippel, al menos por ahora. Pero algún día me iré, o moriré, y entonces el kippel volverá a dominarlo todo. Es un principio básico: todo el universo avanza hacia una fase final de absoluta kippelización.

    En pocas palabras, kippel es la entropía material, la destrucción por la contaminación física que invariablemente continua de la creación. Encuentro este concepto fascinante porque es lo más cercano a una fuerza invencible e incontenible que he encontrado. Como dice Isidore, es imposible detener al kippel, salvo en momentos y lugares determinados, justo como yo lo hago. Yo también peleo esa guerra perdida en mi propio apartamento. Pero eso no es vencer, eso sólo es postergar el reinado absoluto del kippel.

    La idea de usar esta palabra surgió durante el tiempo que estaba leyendo tal libro, un día cuando iba manejando, me entregaron volantes en cada alto, cada semáforo y en cada esquina. Ahí fue cuando lo noté, toda esa basura es kippel, objetos totalmente inútiles. En ese momento me surgió la idea de comenzar una revista gratuita, humilde, sin pretensiones y de libre difusión, aceptando y celebrando el hecho de que tal revista no aspiraba a mucho (o a nada) y sólo se jactaba de ser un objeto inútil, de ser kippel, y por ende usando ese nombre. Esta idea luego se degeneró (u optimizó, según la opinión del lector) a un fanzine, luego a un sitio web. Aunque la palabra pierde un poco la intención y el sentido al ser este un blog en Internet (es decir, al ser algo meramente electrónico, pierde todo lo físico y material del asunto) y tal vez la palabra ya deja de ser aplicable a algo virtual. En todo caso esto debió llamarse algo así como “kippel digital”, pero batallé mucho para apoderarme de este dominio y pienso usarlo tanto como sea posible.

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/%C2%BFSue%C3%B1an_los_androides_con_ovejas_el%C3%A9ctricas%3F#Decadencia_y_Renovaci.C3.B3n

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Alan Verdugo / 2014/03/03 / Uncategorized / 0 Comments

Influencias.

A lo largo de mi vida he tenido influencias poderosas, muchas de las cuales fueron malas y sólo sirvieron como mal ejemplo. Otras fueron muy benéficas y causaron un efecto importante en cómo me comporto. Aquellos que me conozcan sabrán identificarlas incluso tal vez mejor que yo mismo. He aquí una lista de personajes ilustres con los que me he identificado y que me han servido como guía en casi todos los aspectos de mi vida. Nótese cómo es que todos estos personajes son ficticios, lo cual habla mucho de las personas con las que crecí.

 

Capitán Harlock.

El Capitán Harlock nunca pierde la calma, incluso cuando la propia existencia del universo está en juego. Es una persona non-grata, de hecho es la persona más non-grata en toda La Tierra, y por lo mismo pasa la mayoría del tiempo en su nave espacial, La Arcadia. El gobierno de La Tierra lo odia y lo desprecia tanto que lo desterró y le ha puesto precio a su cabeza, a pesar de que ha salvado al mundo (e inclusive al universo mismo) en varias ocasiones.

Harlock tiene posiblemente el trabajo más emocionante que pueda existir, no sólo siendo un pirata, si no un pirata espacial. Pasa las horas bebiendo vino y musitando frente a las estrellas, que son su hogar. Con un cuervo en su hombro y la calavera pirata en su pecho y al frente de su nave. Harlock es el descendiente de una larguísima linea de pilotos y aventureros.

 

Don gato.
Don gato es básicamente un mafioso, con todo y su mafia de gatos. A pesar de que vive, literalemente, en un basurero, siempre derrocha clase y elegancia. Tiene a su disposición a todos los gatos del barrio como fieles basayos con sólo hacer sonar las tapas de los basureros e incluso puede hacer que el oficial Matute, sin darse cuenta y muy a su pesar, trabaje para él. Así es, Don gato tiene a la policia en su poder ¿no es acaso el máximo anhelo de un mafioso?.

Gran parte de la personalidad de Don gato se puede inferir sólo con ver la introducción y el final de uno de sus capítulos. Podemos ver cómo Don gato es un genio manipulador de la talla de Robert Green.

Es un phreaker, pudiendo hacer llamadas desde un teléfono de la policía y saliéndose con la suya usando únicamente ingeniería social.

Don gato siempre tiene un plan y este siempre es ejecutado a la perfección. El objetivo de sus planes es obtener más poder y si es que no le han funcionado no es por falta de planeación, sino por variaciones ajenas a él.

 

El Principito.
El protagonista del primer libro que leí. El Principito siempre se conduce con un aire de superioridad y grandeza, como si no fuera obvio que es parte de la realeza. Es el dueño del asteroide B-612, incluyendo su rosa y sus tres volcanes. Se podría decir que El Principito es un egocéntrico ya que se siente en libertad de exigir a extraños todo tipo de cosas, principalmente dibujos de ovejas, y lo hace de la manera menos amable y más directa posible, llegando al punto de totalmente ignorar las palabras de los otros personajes hasta que ha conseguido lo que quiere. Es un viajero del espacio y su gusto al vestir es simplemente exquisito. Nótese las similitudes con el Capitán Harlock.

 

Roy Focker.
El capitán del legendario Skull Squadron fue el piloto de pruebas de las Valkyrias cuando apenas el SDF-1 acababa de estrellarse en La Tierra. Ser piloto de pruebas es uno de los trabajos más peligrosos que existen, consiste en básicamente volar aviones prototipo y no morir en el intento. Pero Roy Focker fue el piloto de pruebas de un avión prototipo hecho con tecnología extraterrestre, que se transformaba en pleno vuelo. Roy Focker fue el piloto original del VF-1S, el mejor caza que ha diseñado la humanidad, portando orgullosamente la calavera pirata, justo como la Arcadia de Harlock.

Eso sin mencionar que ha derribado a enemigos estando totalmente ebrio…

Y que es un mujeriego:

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Alan Verdugo / 2013/02/04 / Uncategorized / 0 Comments