El significado de los logros.

    Hace poco participé en mi primera carrera “oficial”. Corrí 5 kilómetros sin parar.

    Al principio, estaba renuente en participar, no porque significara cansancio, o porque temiera no terminarla. Al principio, me pregunté por qué he de participar en una carrera así cuando fácilmente puedo correr 5 kilómetros o más alrededor del parque frente a mi departamento el día que yo quiera, sin esperarme a una fecha arbitraria, en un lugar arbitrario. ¿Por qué lo hice entonces? ¿Por una medalla? ¿Por una camiseta? ¿Por ver edecanes en falditas? ¿Por ser parte del grupo de amigos? ¿Por tomarme fotos y ganar “likes”? ¿Por presunción?

    No. Fue por el logro. Por retarme a mi mismo y ver cómo iba a alcanzar esa meta.

    Yo quería escribir un poco en este blog sobre esa carrera, así como lo hicieron Briana, Emerson y seguramente muchos más autores que participan en carreras, pero la verdad es que, comparados con ellos, no me sentía digno de hacerlo. Ellos ya llevan bastante tiempo corriendo, han participado en muchas carreras y me llevan muchos kilómetros de ventaja, por decirlo así. Yo sólo soy alguien que corre esporádicamente y apenas logré completar mis primeros 5 kilómetros sin detenerme. Sin embargo, decidí escribir esto porque esos mismos factores me permiten tener un punto de vista que tal vez ellos ya no tienen respecto a lo que significa correr.

    Hoy, escuché una plática de Bety Camiade, una mujer totalmente normal: tiene 50 años, es divorciada, tiene hijos y es maestra de pre-escolar. Y como es una mujer normal, ella corre ultra-maratones en lugares inhóspitos, de una manera muy normal. Bety dijo que hace eso porque es parte de la naturaleza del ser humano. Evolucionamos para querer más en todos los aspectos. Y tiene razón: queremos más comida, más territorio, más comodidades, más seguridad, más recursos, más de todo lo que podamos tener. En resumen, evolucionamos para tener más logros. Evolucionamos para lograr más, y logramos más para continuar evolucionando.

    Cuando atendí a otras carreras como espectador, me pareció muy gracioso que todos los participantes recibieran una medalla sólo por participar. Yo esperaba que se les entregaran medallas sólo a los primeros lugares. Me pareció gracioso y a la vez tonto. Si todos reciben una medalla, entonces bien  podrían no darle ninguna medalla a nadie y sería exactamente lo mismo. Me recordó a los anuncios de Hot wheels que la televisión tan amablemente proyectaba sobre mis ojitos cuando era un niño: todos son el más rápido, todos son, de alguna manera, el número uno. Esto es una competencia y debes ganar, excepto que todos los demás también ganan. Me dije a mi mismo que esta vez no caería en la trampa de los publicistas y que esas medallas son un simple artículo publicitario colgando del cuello de miles de corredores sudorosos, frente a miles de camisetas igualmente sudorosas y publicitarias.

     No fue sino hasta que yo recibí mi primera medalla que comprendí que todos recibimos una porque estas no son competencias en contra de los demás, sino porque estas son competencias contra uno mismo, y la medalla, para mi, ahora representa el logro que cada uno obtuvo, por igual. Representa esas horas de entrenamiento y esas incontables gotas de sudor. Representa ese “si puedo” después de los muchos “ya estoy cansado”. Para mi, representa eso. Pero tal vez para la señora que corre con la carreola de su hija, representa la felicidad de ser libre de un esposo que la maltrataba. Tal vez para alguien representa la primera vez que puede correr después de una operación riesgosa. Tal vez para alguien representa poder correr libremente después de estar en la cárcel. Tal vez para alguien representa la libertad de poder vivir sin depender de sus padres. Tal vez para alguien represente que por fin se acepta a si mismo como es y no como la sociedad quiere que sea. Cada uno define el significado de cada logro.

    Ahora, esa medalla cuelga en mi closet. Cada vez que me pongo mi ropa para correr la veo, y me recuerda que ya logré algo, y que voy a lograr mucho más.

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“Ilusión nacional” es nominada a la película más naca del año.

    México.- La autoproclamada “película” deportiva de Olallo Rubio fue nominada como la cinta más naca del año.

    A pesar de que la cinta aún no ha sido mostrada en cines, el trailer fue más que suficiente para merecerse una nominación, y sólo se está esperando al día del estreno oficial para ser galardonada con el infame premio, ya que no hay otras obras contendientes por el título.

    Se espera que, entre otras, la película contenga escenas de porras violentas, gente rezando durante los penales, referencias a “agua de riñón”, gente vistiendo uniformes con el apellido de otras personas, y hombres adultos llorando por no haber ganado un juego.

    “Ya waché el anuncio de la muvi. Va a estar bien chidota”. -Comentó Brayan Eugenio “Chimichango” Fernandez, quien ya compró su boleto para el estreno.

    “Voa ir con mi playera del tri”. -Añadió orgulloso.

    Ya circulan rumores sobre fans que piensan meter bengalas al cine, y que se está planeando una celebración en el ángel de la independencia para cuando el premio sea entregado a Rubio. En la euforia del momento, los fans esperan atacar a inocentes, destruir negocios aledaños y tal vez incendiar un vehículo o dos.

    “Ganamos” dirán los fans, adjudicándose otro logro, a pesar de no haber contribuido en absolutamente nada, como es costumbre.

    Por otro lado, Olallo Rubio espera ansiosamente la noche de premiación para besar y sostener la estatuilla sobre su cara pintada de verde, blanco y rojo, y después darle una vuelta al templete, para terminar deslizándose.

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Un vaquero.

Por Juan Angulo:

Paulatinamente recuperé la visión. No sentia dolor alguno, aunque ciertamente estaba confundido, muy confundido. Fue entonces que lo vi.

Frente a mi habia un anciano vestido de vaquero, con sombrero y todo. Un hombre viejo y delgado de ojos grandes, aspecto más bien amigable y mirada vivaz. Portaba en su camisa un pequeño y curioso prendedor con la imagen de una pequeña rosa blanca, lo cual me pareció aun mas extraño y fuera de lugar.

-¿Qué ocurrió? -Pregunté.

-Bueno, has sufrido un accidente de auto y ahora estás momentaneamente muerto, eso ha ocurrido. -Contestó.

Alzó su mano apuntando hacia la derecha.

-Míralo tu mismo. -Dijo.

Giré mi cabeza y pude ver mi auto hecho añicos, habia unos paramédicos que laboriosamente me daban los primeros auxilios.

-Les preocupa bastante. -Dijo.

-La muerte realmente les aterra. -Agregó.

-¿Y ahora qué pasará conmigo? -Pregunté.

-Bueno solamente has muerto momentaneamente. Y yo he venido para ayudarte en tu particular situación, para que no estés demasiado aterrado o confundido al verte fuera de tu propio cuerpo.

-¿Eres entonces un ángel? -Pregunté.

-Bueno, supongo que se me podria considerar uno, aunque no me agrada la definición que normalmente se les da, ni las implicaciones que eso conlleva. Digamos que sólo soy alguien que ya pasó por esto, así será mucho más fácil entendernos. -Dijo.

-¿Entonces si existen un cielo y un infierno? -Pregunté.

-No los hay. Sin embargo aquellos que fueron demasiado devotos o fanaticos realmente pueden llegar a verlos. Aunque esas visiones son sólo frutos de los propios deseos y creencias de cada individuo. Si alguien genuinamete religioso se cree merecedor del Cielo entonces proyectará una imagen de el, así mismo alguien que se crea merecedor del infierno lo hará de igual manera.

Aun así esos procesos son sólo momentaneos. -Respondió.

-¿Y qué les espera a aquellos que no creyeron en ninguna religión en particular? -Pregunté.

-Bueno, ellos pasan a su siguiente estado de evolución, es decir, reencarnan. -Contestó.

-Ya veo, ¡entonces los hindues tenian razón! -Exclamé.

-En todas las religiones existen grandes verdades y grandes falacias, pueden ser de gran ayuda y también convertirse en obstáculos.

-Son como espadas de doble filo. -Dijo.

-Tu última existencia pudo haber terminado en el año 2050 y la siguiente ser en el 34 D.C.

-Todo depende de ti y tu aprendizaje. -Agregó.

-Pero, ¿qué caso tendria reencarnar en el pasado? -Pregunté.

-No hay tal cosa como un pasado o futuro. Todas las existencias se procesan en un eterno “Ahora”. Cada lugar y cada época presentan oportunidades de desarrollo únicas. No hay desperdicio. -Dijo.

-Entonces eso significa que todas las otras personas del mundo…

-No hay “Otras personas” en el mundo. -Interrumpió.

Todas las existencias del mundo don diferentes versiones de ti. Existiendo y aprendiendo simultaneamente. Todas son extensiones de un alma mayor. Una Super-Alma. -Dijo.

-¿Entonces yo fui Jesus? -Pregunté

-Y tambien Hitler y sus victimas. -Respondió

-Cada vez que fuiste amable y cada vez que victimizaste a alguien te lo hacias a ti mismo. -Dijo.

-¿Con que propósito? -Pregunté.

-Para que llegues al conocimiento supremo del bien y el mal, experimentándolo en ti mismo. Así llegarás a expandir tu sabiduria y llegarás a convertirte en un Creador. Y así llegará el momento en que Crearas un mundo y una Super-Alma. Tal y como yo te he creado a ti y a tu Mundo. -Dijo.

-¡Entonces tú eres Dios!-Exclamé.

-Y tu eres mi hijo. -Respondió, esbozando una calida sonrisa.

Y cuando hubo dicho estas palabras desperté en la cama de un Hospital. Habia un ramo de rosas blancas en la mesita de servicio, al lado de la cama.

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Guanajuato/San Miguel de Allende (Febrero 2014)

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El Experimento McPherson

Por Juan Angulo:

    En Diciembre de 1983, el Doctor Gary E. Duncan y un grupo de científicos pioneros en Neurociencias de la Universidad de Chappel Hill en Carolina del Norte realizaron un experimento radical en un edificio privado. Los científicos tenían la extraña teoría de que un humano con acceso muy limitado a estímulos externos es capaz de percibir la presencia de dios.

Dr. Gary E. Duncan.

Dr. Gary E. Duncan.

    Ellos creían que los cinco sentidos bloqueaban nuestra conciencia de la eternidad, y sin ellos, un humano era capaz de hacer contacto con dios a través del pensamiento. Haciendo uso de una potente neurotoxina, administrada en dosis pequeñas y controladas pretendían aumentar la capacidad de percepción extrasensorial del individuo en cuestión.

Universidad Chappel Hill.

Universidad Chappel Hill.

    Hubo un voluntario para tales fines. Harry S. McPherson, un hombre viejo que dijo “No tengo nada como para seguir con vida” fue el sujeto de pruebas. Para purgarlo lo mayor posible de toda percepción externa, los científicos hicieron una compleja operación en cual gran cantidad nervios sensoriales conectados al cerebro eran quirúrgicamente cortados. La droga le fue administrada, vía intravenosa, en pequeñas cantidades, pero de manera permanente. El anciano quedó sólo con sus pensamientos. Los científicos lo monitoreaban mientras el hablaba sobre su confuso estado mental, susurraba frases que ellos no podían escuchar muy fácilmente. Después de cuatro días, el hombre dijo que estaba escuchando voces, ininteligibles en su cabeza. Tomándolo como si fuera un síntoma de psicosis, los científicos le dieron poca importancia a las preocupaciones del hombre.

    Dos días después, el hombre lloraba diciendo que podía escuchar a su esposa muerta hablando con él, y aun más, él podía responderle. Los científicos estaban intrigados, pero no estaban convencidos del sujeto, no hasta que comenzó a decir los nombres de parejas o parientes muertos de los científicos. El mencionó información personal a los científicos que sólo sus esposas o padres muertos hubieran podido saber. Al llegar a este punto, una cantidad notable de científicos dejaron la investigación. Después de una semana conversando con los muertos el sujeto entró en un estado con mucho estrés, diciendo que las voces eran demasiadas y constantes. A cada momento, su mente era bombardeada por cientos de voces que se rehusaban a dejarlo sólo. Él frecuentemente se tiraba contra la pared, tratando de infringirse una respuesta al dolor. Les rogó a los científicos una mayor cantidad de droga, así podía escapar a las voces mientras dormía. Esta táctica funciono por tres días, hasta que tuvo severas noches de terror.

    Un día después, el sujeto comenzó a gritar y arañar sus casi inútiles ojos, esperando sentir algo del mundo físico. El anciano histéricamente decía que las voces de los muertos eran reales y hostiles, hablando del cielo, el infierno y del fin del mundo. En un momento, el gritó: “No hay perdón”. Lo hizo durante cinco horas consecutivas. Continuamente rogaba ser sacrificado, pero los científicos estaban convencidos de que estaban cerca de establecer contacto con dios. Después de varios días, el sujeto no podía formar una frase coherente. Aparentemente loco, comenzó a arrancar a mordiscones pedazos de carne de su brazo. El Doctor Duncan corrió dentro de la sala de pruebas a atarlo a su camilla para que no se suicidase. Después de unas horas atado, el sujeto detuvo su forcejeo. Comenzó a mirar al techo y las gotas de lágrimas cursaron su cara. Por dos semanas, el sujeto era hidratado manualmente por su llanto constante.

    Eventualmente, giro su cabeza, hizo contacto con los ojos de un científico por primera vez desde el comienzo del estudio. Él susurró: “He hablado con dios, y él nos ha abandonado” y sus signos vitales se detuvieron. No hubo una causa patológica para su muerte. Parecía que el anciano simplemente había decidido morir.

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