Para no hacer la historia larga, trabajando con ex-funcionarios de la administración Carter (que fueron obligados a retirarse prematuramente por razones que no analizaremos aquí) tuve que viajar a Nueva York. Vi, creo yo, gran parte del estado. Muchas cosas llamaron mi atención, unas por buenas y otras por malas.

    Mi primera escala fue el aeropuerto de Dallas Forth Worth, y el viaje hasta ahí fue en business class, es decir, no con los pobres. Gracias a eso, abordé antes que todos, me dieron un desayuno delicioso y un asiento de piel con espacio suficiente para que pudiera, incluso, sentarme sin perder la sensibilidad en las piernas. Creí que esto auguraba un excelente viaje.

    Pero estaba muy equivocado. Después descubrí que los viajes de negocios asignan espacios en primera clase si, y sólo si, tienes que llegar a cierto lugar en cierta fecha, y el único espacio disponible está en primera clase. Así que no es que me quisieran consentir, simplemente fue una combinación de suerte y una secretaria floja que se esperó hasta el último día para comprar mi boleto.

    El viaje de DFW a New York fue radicalmente diferente. Estaba de vuelta con las unwashed masses. Había menos de 20cm entre mi asiento y el asiento de enfrente. Y tuvimos que esperar 40 minutos en la autopista porque American Airlines al parecer no conoce el concepto de “contar” y vendió más boletos de los que debieron. Después descubrí que esto es increíblemente común y pasa en casi todos los vuelos. ¿Pero saben qué? ¡No me importaba! Mi mente ya estaba fantaseando en sobrevolar New York y ver tantos puntos icónicos desde el cielo. Ver Central Park, Manhattan, la estatua de la libertad, Wall Street, etc. Por fin ver en qué grado las películas me han mentido. ¡Perderme totalmente, aunque sea por un momento, en el sueño americano!

    Pero no fue así. Verán, mi lugar no tenía ventana, así que no pude ver nada. Y no, no estoy hablando de que me tocó sentarme en el pasillo o en medio de dos gordas consumidoras de McDonald’s, no. Mi asiento era en el lugar de las ventanas, pero por alguna razón ese panel no tenía una ventana. Era el único lugar de todo el avión que estaba así, y lo peor es que no podía cambiarme de lugar, porque, como dije antes, American Airlines había sobrevendido el vuelo y por lo tanto todos los otros lugares estaban ocupados. Era como si ese avión hubiera sido construido con piezas sobrantes de otros aviones y les faltó una ventana para un lugar. Para mi lugar.

Era algo así pero con un avión de la primera mitad del siglo pasado.
Era algo así pero con un avión construido durante la primera mitad del siglo pasado.

    No volveré a quejarme de las aerolineas mexicanas.

    Llegué a LGA, el aeropuerto de LaGuardia, nombrado así por el alcalde de New York en los tiempos de la fundación del aeropuerto (los años 30). Gracias a ser un aeropuerto tan viejo, también es un aeropuerto muy feo, sucio y descuidado, o cuando menos espero que esa sea la razón.

    Ahora el objetivo era conseguir transporte del aeropuerto al hotel. Tenia $35dlls asignados para pagar ese viaje en taxi así que la tarea era buscar algo bonito pero barato, después de todo, el hotel estaba bastante alejado de la ciudad de New York.

    Dijeron que un viaje en taxi desde LGA hasta el hotel iba a costar… ¡$310dlls!, lo cual se gastaba el presupuesto de todo el transporte y toda la comida por todo el viaje. Buscando un poco más, hubo un taxi que únicamente iba a cobrar $260dlls. En fin, no los aburriré con los detalles del milagroso escape del aeropuerto, pero aproximadamente 4 horas después, ya estaba en el hotel. La moraleja de la historia es que uno siempre debe asegurarse de que sus viáticos sean calculados por alguien que entiende los complicados conceptos de “comparar precios”, “tipo de cambio”, y “el dinero se cambia por productos y servicios, pero sólo cuando tienes suficiente dinero”.

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