El Experimento McPherson

Por Juan Angulo:

    En Diciembre de 1983, el Doctor Gary E. Duncan y un grupo de científicos pioneros en Neurociencias de la Universidad de Chappel Hill en Carolina del Norte realizaron un experimento radical en un edificio privado. Los científicos tenían la extraña teoría de que un humano con acceso muy limitado a estímulos externos es capaz de percibir la presencia de dios.

Dr. Gary E. Duncan.
Dr. Gary E. Duncan.

    Ellos creían que los cinco sentidos bloqueaban nuestra conciencia de la eternidad, y sin ellos, un humano era capaz de hacer contacto con dios a través del pensamiento. Haciendo uso de una potente neurotoxina, administrada en dosis pequeñas y controladas pretendían aumentar la capacidad de percepción extrasensorial del individuo en cuestión.

Universidad Chappel Hill.
Universidad Chappel Hill.

    Hubo un voluntario para tales fines. Harry S. McPherson, un hombre viejo que dijo “No tengo nada como para seguir con vida” fue el sujeto de pruebas. Para purgarlo lo mayor posible de toda percepción externa, los científicos hicieron una compleja operación en cual gran cantidad nervios sensoriales conectados al cerebro eran quirúrgicamente cortados. La droga le fue administrada, vía intravenosa, en pequeñas cantidades, pero de manera permanente. El anciano quedó sólo con sus pensamientos. Los científicos lo monitoreaban mientras el hablaba sobre su confuso estado mental, susurraba frases que ellos no podían escuchar muy fácilmente. Después de cuatro días, el hombre dijo que estaba escuchando voces, ininteligibles en su cabeza. Tomándolo como si fuera un síntoma de psicosis, los científicos le dieron poca importancia a las preocupaciones del hombre.

    Dos días después, el hombre lloraba diciendo que podía escuchar a su esposa muerta hablando con él, y aun más, él podía responderle. Los científicos estaban intrigados, pero no estaban convencidos del sujeto, no hasta que comenzó a decir los nombres de parejas o parientes muertos de los científicos. El mencionó información personal a los científicos que sólo sus esposas o padres muertos hubieran podido saber. Al llegar a este punto, una cantidad notable de científicos dejaron la investigación. Después de una semana conversando con los muertos el sujeto entró en un estado con mucho estrés, diciendo que las voces eran demasiadas y constantes. A cada momento, su mente era bombardeada por cientos de voces que se rehusaban a dejarlo sólo. Él frecuentemente se tiraba contra la pared, tratando de infringirse una respuesta al dolor. Les rogó a los científicos una mayor cantidad de droga, así podía escapar a las voces mientras dormía. Esta táctica funciono por tres días, hasta que tuvo severas noches de terror.

    Un día después, el sujeto comenzó a gritar y arañar sus casi inútiles ojos, esperando sentir algo del mundo físico. El anciano histéricamente decía que las voces de los muertos eran reales y hostiles, hablando del cielo, el infierno y del fin del mundo. En un momento, el gritó: “No hay perdón”. Lo hizo durante cinco horas consecutivas. Continuamente rogaba ser sacrificado, pero los científicos estaban convencidos de que estaban cerca de establecer contacto con dios. Después de varios días, el sujeto no podía formar una frase coherente. Aparentemente loco, comenzó a arrancar a mordiscones pedazos de carne de su brazo. El Doctor Duncan corrió dentro de la sala de pruebas a atarlo a su camilla para que no se suicidase. Después de unas horas atado, el sujeto detuvo su forcejeo. Comenzó a mirar al techo y las gotas de lágrimas cursaron su cara. Por dos semanas, el sujeto era hidratado manualmente por su llanto constante.

    Eventualmente, giro su cabeza, hizo contacto con los ojos de un científico por primera vez desde el comienzo del estudio. Él susurró: “He hablado con dios, y él nos ha abandonado” y sus signos vitales se detuvieron. No hubo una causa patológica para su muerte. Parecía que el anciano simplemente había decidido morir.


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