Después del rotundo y controvertido éxito del mini NES de Nintendo, parece ser que surgió un mercado para pequeñas consolas retro. Esto realmente no es nada nuevo, los entusiastas de los juegos antiguos han usado emuladores por mucho años. A mi parecer, lo que logró el mini NES fue lograr captar la atención dos grupos:

  1. Gente que sabe de la existencia de los emuladores, pero quiere apoyar a Nintendo o sentir que está jugando sus juegos antiguos de una manera legal. Esto no tiene nada de malo, de hecho, creo que es bastante admirable.
  2. Gente que no tiene idea de que otras opciones existen desde hace años y que tienen muchas mejores características (por ejemplo, poder usar controles inalámbricos, sólo por mencionar una).

    Hasta este momento creí que estos dos grupos de alguna manera lograban cierto equilibrio. Ambas opciones tienen ventajas y desventajas. El segundo grupo tiene una ética dudosa, y el primero se está perdiendo de muchas ventajas tecnológicas de los últimos años.

    Sin embargo, parece ser que ha llegado un momento en que estos dos grupos se están empezando a unir, y creo que es de la peor manera posible. Han surgido personas que están tratando de vender la opción #2 como si fuera la opción #1. Y lo peor es que hay gente que está cayendo en la trampa.

    Más específicamente, estoy hablando de personas que han empezado a vender Raspberries con RetroPie a precios exorbitantes. Ya he escrito antes sobre las Raspberries, pero básicamente son mini-computadoras (aproximadamente del tamaño de una tarjeta de crédito). Por su tamaño y precio tan reducidos, las Raspberries se han vuelto muy famosas con gente que hace proyectos caseros que involucran tecnología.

 

    El precio al que estas personas están vendiendo su “consola” es de $3,000 por una Raspberry Pi, dos controles USB, una carcasa, un cargador y una tarjeta Micro SD de tamaño desconocido. Yo usé una de mis Raspberries para jugar juegos retro, es decir, me hice una de estas “consolas” que esta gente está vendiendo y me salió mucho más barato que $3,000 pesos.

    Vamos a hacer un desglose de lo que yo invertí en esto: Una Raspberry Pi 3 (la más nueva y poderosa a la fecha) cuesta sólo $35dll. El kit que yo usé trae muchas cosas extra y se vende en Amazon por $75 dólares ($1530 pesos mexicanos aproximadamente, con el dolar a los $20.36 actuales). Digamos que son $500 extra por envío, sólo por ser conservadores. Eso lleva al total a unos $2,000, es decir, sólo dos tercios de lo que esta gente está pidiendo. Los emuladores y el software son obviamente gratis así que no entran en la ecuación.

    En pocas palabras, hacer una de estas “consolas” que venden a $3,000 me costó únicamente $2,000, y podría llegar a costar sólo $35 dlls ($712 pesos mexicanos) si es que ya se cuenta con un cargador USB, una tarjeta micro SD y un cable HDMI, cosas que mucha gente ya tiene. La única parte esencial de el proyecto es la misma Raspberry Pi. Cosas como la carcasa, aunque si son útiles, no llegan a ser imprescindibles.

    El dilema aquí es, ¿qué tanto cobrar un precio tan alto es aceptable? Por una lado, los vendedores podrían argumentar que están vendiendo un producto ya listo para jugar y que el esfuerzo de instalar todo el software vale ese precio tan alto. Este es el peor argumento que podrían tener, pues por experiencia propia, sé que todo el proceso lleva, a lo mucho, unos 20 minutos. Hay muchos tutoriales en internet que muestran paso a paso cómo hacer todo esto.

    También podrían argumentar que las personas comunes no quieren, o no pueden, configurar una Raspberry Pi para usarla de esta manera. A pesar de que este es un argumento igual de ridículo, creo que es el único que podría tener algo de sentido. Por ejemplo, a pesar de que yo puedo cocinar, regularmente prefiero ahorrarme el problema, ir a un restaurante y que alguien más lo haga por mi. Sin embargo ¿que pasa cuando se me oculta el hecho de que esto es algo que yo mismo podría hacer?

    La razón de mi indignación es que estas personas no están siendo honestas. En ningún punto los vendedores dicen claramente lo que realmente están vendiendo: Una Raspberry Pi con accesorios y software pre-instalado. No, el producto se anuncia como una “Consola Retro”, y esto, muy sutilmente, esconde el fraude que se está cometiendo: La gente podría ir a comprar una Raspberry Pi y hacer esto ellos mismos muy fácilmente, pero están siendo engañados al no escuchar claramente lo que están comprando. Desgraciadamente mucha gente no conoce las Raspberries o RetroPie, y por lo tanto tiende a caer en el fraude sin sospecharlo.

    En pocas palabras, hay personas que se están aprovechando de la falta de conocimiento de otras personas, y sólo hay una palabra para eso: Fraude. La frase “gato por liebre” es perfecta para comunicar lo que está pasando aquí.

    El comentario que puse advirtiendo a la gente de la situación fue rápidamente eliminado y se me negó el acceso a seguir escribiendo nuevos comentarios. Esto demuestra que los vendedores reconocen que están haciendo algo incorrecto, y tratan de esconderlo. Que tristeza que este tipo de situaciones sean tan comunes en nuestro país. Aprovecharnos unos de los otros es lo último que necesitamos en la situación económica tan incierta que estamos viviendo estos días.

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